Los hábitos alimenticios que prevalecen en México no son los más adecuados para mantener la salud. Por un lado, se observa un importante índice de desnutrición que reduce las capacidades físicas e intelectuales y, por otro, es notable el creciente porcentaje de sobrepeso y obesidad, lo cual favorece el avance de padecimientos como infartos y diabetes.
En este contexto, el déficit de vitaminas por la creciente demanda de productos enlatados y comida rápida, es uno de los factores que está causando alarma entre la población que cada vez se enferma más.
Las vitaminas son sustancias químicas no sintetizables por el organismo, presentes en pequeñas cantidades en los alimentos e indispensables para la vida, salud y la actividad física y cotidiana.
Su principal función es la de intervenir como catalizador en las reacciones bioquímicas provocando la liberación de energía. Este hecho ha originado que hoy se reconozca, que en el caso de los deportistas, exista una mayor demanda vitamínica por el incremento en el esfuerzo físico, aunque también se ha probado que su exceso puede influir negativamente en el rendimiento.
Además, las vitaminas tienen otras funciones importantes como evitar la oxidación de las células, ayudar al intestino a digerir mejor los alimentos, favorecer la cicatrización y reparación de los tejidos, participar en la formación de la piel y los huesos y contribuir a la coagulación de la sangre.
No obstante, el cuerpo es incapaz de producirlas por sí mismo, y es necesario consumir alimentos con cantidades necesarias de estos nutrientes para mantener un buen estado de salud.
Las vitaminas se dividen en dos grupos. Las hay liposolubles, asociadas a alimentos grasos y aceites –vitaminas A, D, E y K–, e hidrosolubles, presentes en productos como verduras, frutas o huevos -vitamina C y todas las del complejo B-.
COMIDA RÁPIDA, DÉFICIT DE NUTRIENTES
Los problemas de falta de vitaminas se han asociado a la poca disponibilidad de alimentos en los países en vías de desarrollo. Sin embargo, en las sociedades más avanzadas también se dan problemas de hipovitaminosis, denominación que se le da a los bajos niveles de vitaminas, como consecuencia de los hábitos de alimentación actuales.
Y es que la alta presencia de productos precocidos y de comida rápida, provoca una deficiente ingesta de vitaminas, sin omitir el hecho de que algunos alimentos pierden durante su manipulación parte de sus nutrientes, ya sea al cocerlos o freírlos.
El problema se agrava porque cada vez menos gente sigue las pautas de alimentación adecuadas, lo que provoca carencia de algunas vitaminas. Por si fuera poco, a las deficiencias en la alimentación hay que añadir otros factores que disminuyen las reservas de los nutrientes, como el estrés, el ejercicio físico, el tabaco o el alcohol.
Los estados carenciales se caracterizan por la aparición de síntomas como apatía, cansancio, dificultad para mantener la concentración, pérdida de memoria, dolor de cabeza, pérdida de fuerza, dolores musculares, entre otros.
En estos casos, es necesario dotar al cuerpo de un aporte extra de nutrientes, sobre todo en personas que padecen enfermedades infecciosas, mujeres embarazadas y fumadores, los grupos de población con mayores posibilidades de presentar estados deficientes de vitaminas.
SUPLEMENTOS VITAMÍNICOS
Una forma de garantizar un nivel adecuado de las vitaminas es a través de los suplementos vitamínicos.
En el mercado existen diversos productos de este tipo que ayudan al organismo a funcionar con un pleno rendimiento, tanto físico como intelectual. Sobre todo, porque no hay que olvidar que las vitaminas ayudan a sintetizar neurotransmisores como la adrenalina, la acetilcolina, la dopamina y la serotonina, facilitando una óptima conexión entre las neuronas.
Asimismo, los complejos vitamínicos pueden contribuir a que el cuerpo esté mejor preparado para afrontar las enfermedades, tal y como sucede en el caso de la vitamina C y los resfriados.
No obstante, antes de tomar estos productos es conveniente consultar al médico, quien puede recomendar el complejo vitamínico más adecuado. La seguridad y eficacia de los complementos de venta en farmacia deben estar garantizadas por rigurosos controles y ser autorizados por la Secretaría de Salud.
En cuanto a su composición, los suplementos suelen mezclar diversas vitaminas necesarias para el organismo con otros nutrientes, como minerales, que contribuyen a que el cuerpo tenga más energía para afrontar las exigencias de la vida moderna. Por lo tanto, también están indicados para personas que realizan una actividad física o intelectual intensa, así como a las sometidas a situaciones de estrés.
Finalmente, conviene saber que los suplementos vitamínicos son productos que actúan sobre la salud y, en consecuencia, un consumo excesivo de los mismos puede tener efectos negativos. En otras palabras, si una persona tiene buena salud, sigue una dieta variada y realiza un nivel de actividad medio o moderado, no necesita estos productos, sólo aquellas que necesiten un aporte extra de energía y presenten estados carenciales de vitaminas.
TIPOS DE VITAMINAS
Vitaminas liposolubles
A: Intervienen en el crecimiento, hidratación de piel, mucosas pelo, uñas, dientes y huesos. Ayuda a la buena visión y es un antioxidante natural. Se encuentra en: hígado, yema de huevo, lácteos, zanahorias, espinacas, brócoli, lechuga, durazno, melón.
D: Regula el metabolismo del calcio y del fósforo. Se puede encontrar en: hígado, yema de huevo, lácteos, germen de trigo, luz solar.
E: Antioxidante natural y estabilizador de las membranas celulares. Protege los ácidos grasos. Presente en: aceites vegetales, yema de huevo, hígado, panes integrales, legumbres verdes, cacahuate, coco, vegetales de hojas verdes.
K: Ayuda a la coagulación sanguínea. Existe en: harinas de pescado, hígado de cerdo, col, espinacas.
Vitaminas hidrosolubles
B1: Participa en el funcionamiento del sistema nervioso, interviene en el metabolismo de glúcidos, el crecimiento y mantenimiento de la piel. Carnes, yema de huevo, levaduras, legumbres secas, cereales integrales y frutas secas la contienen.
B2: Sirve para el metabolismo de prótidos y glúcidos. Efectúa una actividad oxigenadora e interviene en la respiración celular, la integridad de la piel, mucosas y el sistema ocular, por tanto, en la vista. Se encuentra en: carnes, lácteos, cereales, levaduras y vegetales verdes.
B3: Favorece el metabolismo de prótidos, glúcidos y lípidos. Interviene en la circulación sanguínea, el crecimiento, la cadena respiratoria y el sistema nervioso. Está presente en carnes, hígado, riñón, lácteos, huevos, cereales integrales, levadura y legumbres.
Ácido fólico: Participa en el crecimiento y división celular, así como en la formación de glóbulos rojos. Se encuentra en: carnes, hígado, verduras verdes oscuras y cereales integrales.
C: Participa en la formación y mantenimiento del colágeno. Es un antioxidante que ayuda a la absorción del hierro no-hémico. Está presente en: vegetales verdes, frutas cítricas y papas.
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