02 de Septiembre 2010
Ciudadanos, corresponsables de indiferencia de autoridades: Katia D'Artigues
(EXCLUSIVA) La indiferencia de las autoridades ante problemas torales y la falta de políticas públicas para abatir los rezagos de los sectores marginados es en buena medida culpa de la ciudadanía, por no haber tenido la capacidad de enojarse, indignarse y reclamar para hacer valer sus derechos, aseveró la periodista Katia D’Artigues
Boca del Río - 2009-11-07 18:54:14 - Heladio Castro / AGENCIA IMAGEN DEL GOLFO
 
/ Agencia Imagen del Golfo-
La indiferencia de las autoridades ante problemas torales y la falta de políticas públicas para abatir los rezagos de los sectores marginados es en buena medida culpa de la ciudadanía, por no haber tenido la capacidad de enojarse, indignarse y reclamar para hacer valer sus derechos, aseveró la periodista Katia D’Artigues.
“No estamos lo suficientemente indignados, enojados y si me permites la palabra, encabronados como ciudadanos, como para exigir más”, subrayó en entrevista con Imagen de Veracruz.
En su visita a este puerto para asistir como moderadora al Congreso Expresiones 2009 en dos mesas cuya temática central fueron los discapacitados y su inclusión social, la columnista y entrevistadora de televisión lamentó que los discursos al respecto no sean capaces de traducirse en hechos.

OMISIÓN Y NEGLIGENCIA

Las omisiones vienen desde el gobierno, pero corresponde a la sociedad civil ser más participativa y también más exigente, subrayó.
“En el presupuesto de egresos de este año el presidente mandó una iniciativa en la que plantea un recorte del 80 a 90 por ciento en el presupuesto a las personas con discapacidad, que son el 10 por ciento de toda población, según cifras de la Organización Mundial de la Salud, aunque en México reconocemos sólo 1.8 por ciento más o menos, según el último censo oficial del 2000”.
Esa omisión tiene la complicidad social, pues la ciudadanía oculta a sus discapacitados como si se avergonzara de ellos. Esa actitud favorece al gobierno inensible, a legisladores y servidores públicos que sólo atienden sus intereses particulares, criticó.
México todavía es una sociedad discriminatoria , dijo al recordar una encuesta del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) en el año 2005, cuando aún vivía su titular y creador Gilberto Rincón Gallardo.
“Un dato que me parece bien interesante: algo así como el 90 por ciento de los mexicanos nos hemos sentido discriminados alguna vez por nuestro color de piel, por nuestro sexo, preferencia sexual, por lo que sea. Pero al mismo tiempo aceptamos que hemos discriminado, y eso hay que cambiarlo poco a poco porque si no, no puedes construir una sociedad realmente para todos”.
Los pocos esfuerzos los realiza la sociedad civil, más bien quienes enfrentan esa situación, como en su caso.
“La sociedad civil es la que históricamente ha empujado este tipo de causas, porque son los papás como yo, que te rehúsas. Ahorita la situación, sobre todo con la discapacidad de mi hijo es muy diferente a hace 50 ó 30 años. Pero históricamente siempre ha sido así: los papás, que se niegan a negarles oportunidades a sus hijos, son los que se organizan, crean las primeras escuelas, impulsan y presionan al gobierno para que cree políticas públicas adecuadas para sus ciudadanos”.
Admitió esfuerzos incipientes, como las rampas en el centro histórico de Veracruz,, a las cuales pueden acceder los discaàcitados. Pero falta mucho para ser incluyente con ese sector poblacional.
“Vemos muchos discursos y mucho bla bla bla”.

POLÍTICOS SIN VISIÓN

Katia D’Artigues señaló que además de mentir, a los políticos les falta visión pues si su vocación es buscar votos, podrían obtener ese beneficio y apoyar a quienes sufren una discapacidad.
“En diciembre del año pasado, a tres años de que cumplió el mandato Felipe Calderón, presentó el Programa Nacional para las Personas con Discapacidad; a tres años de haber empezado la administración. Y ahora en el presupuesto viene casi nada como para actuar. Entonces sí estamos en un nivel mucho de discurso, mucho bla bla bla”.
Si en verdad quieren votos, podrían obtener muchos más, pero ni para eso les da el entendimiento, “Los políticos son tontos”.
Su falta de perspectivas les cierra los ojos ante un panorama frío pues aun con su discapacidad, son ciudadanos en uso de sus derechos, que votan y forman parte de un mercado electoral, puntualizó.
“Si son del 10 al 12 por ciento de la población, porque está calculado en números de la Organización Mundial de la Salud que si vives en un país pobre lo más probable es que llegue hasta a 12 por ciento la población con alguna discapacidad -porque se crea el círculo vicioso: la pobreza crea discapacidad y la discapacidad crea pobreza-, si sólo es 10 por ciento de la población y lo multiplicas por una familia base del Inegi, que son cuatro personas y tú atiendes a esa población, te estarías ganando el 40 por ciento del electorado en México”.

PRIMEROS PASOS

Aunque criticable, la práctica de algunos candidatos de llevar como suplente a una persona con discapacidad implica también los primeros pasos para abrir los espacios políticos a ese sector, señaló.
“Ahorita, por ejemplo, a nivel federal tenemos dos diputadas en silla de ruedas. Eso está muy bien porque primero, pones a prueba al Congreso, que no era accesible, hazme favor. Ahora, también falta que nos lo tomemos realmente en serio, personas con discapacidad”.
Añadió que en Neza, Estado de México, un priista discapacitado le arrebató la alcaldía al PRD, que había conformado allí su bastión.
Persisten muchos pendientes y en la vida diaria no se desarrolla la conciencia social, como en las escuelas, donde reciben a un niño con discapacidad pero no lo integran a las actividades de los demás y se incurre en simulación.
“Fíjate la ‘parajoda’ de México. Sí, ‘parajoda’, no me equivoqué; no es paradoja, es ‘parajoda’. Por un lado somos un país que está reconocido en el mundo como de vanguardia porque Fox. apoyado por Rincón Gallardo -no se le ocurrió a Fox, no era tan brillante- propuso en el seno de la ONU la creación de lo que se conoce ya como el primer gran tratado de derechos humanos del siglo XXI, que es la Convención de los Derechos Humanos de las Personas con Discapacidad. En muchas partes del mundo se le conoce como la ‘Convención Fox’, y México la propuso, se tardaron cinco años en negociarla, bla bla bla. Finalmente nuestro país la ratificó el año pasado”.
Lo paradójico es que en los hechos no se aplica, pese a que al aumentar la expectativa de vida, cada vez habrá más personas con una discapacidad propia de la vejez, en los últimos nueve años de su vida, alertó.

DESTINO: DISCAPACIDAD

Katia D’Artigues llamó a la ciudadanía a entender que tarde o temprano, cualquier persona puede sumarse ala estadística, aun cuando lo vea como algo remoto.
“Trabajar para las personas con discapacidad es trabajar para nosotros mismos, porque nadie está vacunado contra la discapacidad. Yo ahorita bajo, me caigo y me quedo parapléjica; o tú te caes en el baño. Nadie está vacunado contra la discapacidad”.
De allí la importancia de que las sociedad abran su entendimiento.
“Lo primero que tenemos que hacer es ‘salir del clóset’, por así decirlo. Todavía hay muchas familias que se avergüenzan de sus integrantes con discapacidad o que ni siquiera están conscientes de que tienen una discapacidad, sobre todo en zonas rurales y muy pobres, que llegan y le preguntan ‘qué tiene tu hija’ y responden ‘pues no sé, es que no oye bien’. Eso es una discapacidad, pero no lo ven como tal. Y a partir de eso crear conciencia, organizarnos todas las áreas de discapacidad: ciegos, sordos, personas con discapacidad intelectual, etcétera, vía las organizaciones de la sociedad civil y crear un frente común que pueda defender los derechos”.

INDIGNACIÓN

Para la columnista, mientras la sociedad civil no ‘apriete’ a sus políticos y servidores públicos, éstos no trabajarán por atender a un sector como el discapacitado y otros en marginación.
“No somos tontos; yo insisto en que no somos tontos y nos damos cuenta. Pero también necesitamos nosotros indignarnos, aumentar nuestra capacidad de indignación, de enojo y exigir”.
- Hay gente que dice ‘es lo que nos merecemos’ ¿Es lo que nos merecemos?“Yo creo que no. Pero sí tiene algo de cierto la expresión, porque les permitimos eso, porque de nuevo no estamos lo suficientemente indignados, enojados y si me permites la palabra, encabronados como ciudadanos, como para exigir más. Porque estamos muy acostumbrados, yo creo que es una parte cultural importante desde la idiosincrasia de los mexicanos, pensar en que va a llegar un padre, tlatoani o lo que sea y nos va a rescatar; cuando no nos damos cuenta de que los que necesitamos rescatarnos somos nosotros a nosotros mismos para empezar y luego así, exigir”.
Sin embargo rechazó que se requiera un levantamiento armado como en 1810 y 1910. Lo que sí hace falta es la conciencia ciudadana de ser más exigente con las autoridades.
“A mí me sorprende mucho nuestra capacidad de aguante como mexicanos, porque realmente cuánto hemos aguantado. Yo no sé en qué momento el hilo se va a romper por lo más delgado. Que existe el riesgo, pues yo creo que sí existe el riesgo. Ojalá fuera una revolución no de armas, de levantamiento y de enojo, sino de verdadero compromiso con nosotros mismos y con nuestro país”.

SEGURIDAD

Katia D’Artigues expresó su preocupación por la mala in terpretación al estar harto del abandono oficial, de la inseguridad, y que justifique el transgredir la ley, como en San Pedro Garza García, Nuevo León, cuyo alcalde que amenazó con perseguir a la delincuencia con sus propios elementos.
“Yo no sé cómo en el PAN no le han callado la boca, pero también me impresiona mucho. Darse elementos paralegales, atribuciones que no tiene legalmente y casi casi decretar la creación de brigadas blancas. ¿Qué pasó en Colombia cuando esto sucedió? Al empezar los ricos a armarse para protegerse porque no se sentían protegidos por el estado, sobre todo a nivel de secuestros, pasó un tiempo en que más o menos estuvo así; pero después esas mismas brigadas blancas o escuadrones armados se volvieron en contra de ellos mismos y también comenzaron a secuestrarlos”.
Es la irritación por los robos, los secuestros y los feminicidios, pero fue enfática en que “es una muy mala idea armarse, y la violencia solamente crea violencia”.

 

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